El Arte Popular y las Culturas Tradicionales

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Carlos René García Escobar

Antropólogo guatemalteco, miembro de la Red Centroamericana de Antropología. Esta ponencia presenta un desarrollo histórico preliminar de las definiciones que en América Latina han construido los estudiosos en torno a los conceptos de Arte, Artesanías, Industrias Artísticas , Popular, Tradicional, Folklore, con el objeto de introducir la manera como las auténticas expresiones de arte popular y tradicional en Centroamérica, se han ido transformando en innovadas expresiones de diseños y producción masiva.

Esta nueva producción de arte popular centroamericano se enmarca dentro de una producción globalizada en una economía neoliberal que las ha convertido en industrias populares que responden al consumo turístico masivo que abreva en México, Centro América y Panamá, buscando productos artesanales que respondan a identidades locales, entendida esta localidad en el marco de la región centroamericana que, en este sentido abarca una región territorial que sobrepasa las cinco naciones centroamericanas ampliándose hacia sus fronteras con México, Panamá y Belice.

En este sentido los mercados artesanales centroamericanos se han especializado en ofrecer la producción artesanal centroamericana globalizando los diseños correspondientes a cada nación y ampliando sus territorios comerciales en las fronteras hacia los países limítrofes como México, Panamá y Belice. La mejor manera de comprender esta nueva dinámica de presentación es investigando y reconociendo los diseños auténticos tradicionales del arte popular sin olvidar nunca la labor silenciosa, meritoria y necesaria de sobrevivencia de sus productores más auténticos y tradicionales, los artistas y artesanos populares. Palabras claves: arte, artesanías, industria, mercados, tradicional, popular. EL ARTE POPULAR Y LAS CULTURAS TRADICIONALES NECESIDAD E IMPORTANCIA EN EL CONOCIMIENTO DE SUS DINÁMICAS DE CAMBIO, CONSERVACIÓN, DIFUSIÓN Y PROMOCIÓN Carlos René García Escobar Antropólogo Guatemalteco Análisis y Definiciones Primarias La primera Reunión Técnica de Artesanías y Artes Populares, celebrada en México, en 1973, aprobó la Carta Interamericana de las Artesanías y el Arte Popular que dejó un saldo conceptual como el siguiente: El arte popular es el conjunto de obras plásticas y de otra naturaleza, tradicionales, funcionalmente satisfactorias y útiles, elaboradas por un pueblo o una cultura local o regional para satisfacer las necesidades materiales y espirituales de sus componentes humanos, muchas de cuyas artesanías existen desde hace varias generaciones y han creado un conjunto de experiencias artísticas y técnicas que las caracterizan y dan personalidad.
La artesanía en su sentido más amplio, es el trabajo hecho a mano; o con preeminencia del trabajo manual cuando interviene la máquina. En el momento en que la máquina prevalece, se sale del marco artesanal y se entra en la esfera industrial.

Ante las divergencias de criterio surgidas a partir de estas definiciones, entre clasificaciones cualitativas y cuantitativas del hecho productivo en sí, como número de ejecutantes obreros, sus instrumentos de trabajo desde los más simples hasta lo maquinario, grado de división del trabajo, relaciones humanas prácticas como la de trabajadores manuales, especializados, calificados, grado de industrialización y delineación del aparato productivo y administrativo, discutidas por Antonio Gramsci en su trabajo Pasado y Presente editado por Juan Pablos en 1977, el mismo Gramsci agrega las siguientes observaciones: Lo propio del artesano es trabajar él mismo con sus manos, en su arte un oficio. Que de él dependan 5 ´0 10 personas, no cambia su carácter de artesano, lo que de inmediato lo distingue del industrial. Pero esta definición es también imprecisa, debido a que el artesano no siempre trabaja personalmente, sino dirige el trabajo de un taller; por tanto, la definición debería buscarse en el modo de producción y de trabajo.

Por su parte Díaz Castillo en su trabajo Cultura popular y clases sociales esclarece estas ideas de la manera siguiente: “Las artes populares son expresiones culturales de carácter plástico, dotadas de atributos estéticos, cuyas raíces se hunden en el pasado y cuya actualidad se explica en virtud de la función que cumplen dentro de la comunidad que las genera. El arte popular es un actividad individual levada a cabo en el seno de la familia, por lo general en forma complementaria de las labores de subsistencia.

El arte popular es un oficio manual, personal y doméstico. Se aprende en casa sin más guía que el ejemplo de los mayores y se produce en aquellos lugares en que es fácil el acceso a las fuentes de materias primas. Por la índole personal de su elaboración, sus productos son cuantitativamente limitados, circunscritos al mercado local.

Las artesanías populares, que también forman parte de la cultura material, no siempre tienen atributos estéticos. Difieren de las artes populares en que se producen en el taller colectivo, organizado jerárquicamente (maestros, oficiales, aprendices), en donde la división del trabajo y la presencia del salario constituyen rasgos económico-sociales característicos. En términos muy simples, la distinción entre artes y artesanías populares se funda en que las primeras son una actividad individual y manual, mientras que las segundas implican división del trabajo y uso de herramientas, por rudimentarias que éstas sean”.

Por supuesto que este marco conceptual nos lleva de inmediato a los análisis sociológico y antropológico los que a su vez nos conducen a las teorías elaboradas por los expertos a lo largo de décadas del siglo pasado. Para nosotros es aún vigente la luz que nos ofrece el Materialismo Histórico Dialéctico y la Antropología General bajo las cuales, continuamos presentando un marco analítico más amplio como el que sigue a continuación.

En primer término he de decir que hemos concebido desde los años 70’s del siglo pasado en el Centro de Estudios Folklóricos de la Universidad de San Carlos de Guatemala a las culturas Populares, como una instancia sociocultural que procede de y pertenece a los estratos colectivos que en la sociedad guatemalteca corresponden a aquellos desprovistos de la propiedad de los medios de producción y que se encuentran en situaciones difíciles de desarrollo de sus posibilidades económicas, educativas, sociales, políticas y culturales, no obstante ser quienes producen por sus condiciones histórico sociales, una cultura propia, de orden contestatario, generalmente de resistencia, opuesta a aquella producida y perteneciente a los sectores acomodados de esta misma sociedad.

En un segundo término y, de acuerdo con la Antropología pre-postmoderna, con el objeto de comprender y aprehender el fenómeno cultural que significan las culturas populares como una realidad total, concreta y objetiva en el marco de sus procesos de origen y desarrollo histórico-social, económicos y políticos, las deslindamos en tres grandes aspectos que constituyen esta realidad. Ellos son: El Material, que consiste en todo aquello que el pueblo ha construido con su trabajo manual y sus propios instrumentos de trabajo sin el auxilio de maquinarias complicadas. Ejemplos de esto lo tenemos en la construcción de sus viviendas, en la elaboración de artesanías e instrumentos de trabajo, formas de transporte y auxilios materiales propios de sus prácticas y costumbres curativas o de prevención de enfermedades.

El Social, que se refiere a las relaciones humanas que se entretejen socialmente formando instituciones familiares y extrafamiliares o colectivas, como la familia, el compadrazgo, las cofradías, las danzas y los bailes, a la comunicación lingüística y a las que se producen en el ciclo vital de los humanos desde el nacimiento hasta la muerte.

El Espiritual-Mental o Animológico, constituido por aquellas manifestaciones referidas a la producción intelectual y artística, así como a las creencias y supersticiones de orden médico curativo o religioso. Entre ellas contamos con los diseños artísticos plasmados en las artesanías, en las danzas, en el arte popular, las producciones artístico-literarias en verso y narrativa, líricas, épicas y dramáticas, en las diferentes formas de creación musical e instrumentos y en todo tipo de creencias incluidos los mitos, las leyendas, los refraneros populares, y las religión, magia, brujerías y supersticiones populares en general.

En un tercer término debo decir que todo lo apuntado se sustenta teóricamente en elementos que nos aseguran su autenticidad que lo constituyen el anonimato en que se encuentran, en la tradición heredada generacionalmente, en la oralidad de su transmisión histórico-social basada en el ejemplo, en la imitación y el empirismo de su práctica tradicional. A su vez no olvidemos que estos hechos socioculturales denominados culturas populares y tradicionales o bien, conocidos internacionalmente como Folklore, se caracterizan por ser populares, estar socializados y localizados geográficamente y porque cumplen siempre una específica función en el conglomerado social en el que se desarrollan.

Por lo tanto acopio la definición de “cultura popular tradicional” que, para sustituir al término “Folklore” el I Congreso Interdisciplinario de Expertos sobre Cultura Popular y Educación, propusiera a la Organización de Estados Americanos, O.E.A. en la sede del CIDAP en la ciudad de Cuenca, Ecuador, en mayo de 1980: “Se entiende por Cultura Popular Tradicional a todas aquellas manifestaciones que se desarrollan en el seno de un pueblo, y que poseen características propias surgidas por los procesos históricos y sociales que las determinan. La Cultura Popular Tradicional es, por tanto, el crisol donde se refugian los valores más auténticos que una nación ha creado a lo largo de su devenir histórico y nutridos diariamente por la realidad socioeconómica que rige su vida colectiva. Comprendida centro de su contexto histórico, la Cultura Popular Tradicional es dinámica por excelencia; permite a los pueblos adaptarse a situaciones nuevas de vida y coadyuva a la transformación de su realidad circundante.

Como elemento social que es, la Cultura Popular Tradicional se transforma de acuerdo a los cambios sustantivos de la nación a la que pertenece, pero como receptáculo de manifestaciones socioculturales ancestrales permite conservar en su seno lo más valioso del patrimonio del pueblo y, por ello, adaptarse con éxito a las transformaciones sociales. Los cambios de la Cultura Popular Tradicional no conllevan, pues, la destrucción o extinción de sus rasgos básicos, sino, al contrario, permiten conservar y enriquecer los aspectos propios, auténticos y genuinos que los mismos pueblos desean que permanezcan en el proceso de su autodesarrollo. En tal sentido, la Cultura Popular Tradicional se convierte en fuente inagotable de identidad cultural, como raíz de nacionalidad. Su aplicación a la educación exige, por tanto, que sea la base donde se asiente la identidad cultural de nuestros países”.

Es muy importante hacer notar que para que la Cultura Popular Tradicional sea reconocida por todos nosotros como base para la construcción auténtica de nuestra nacionalidad como guatemaltecos, existe un elemento necesario e imprescindible que debe practicarse y ejercitarse por todos los connacionales conscientes, encargados de la promoción cultural en nuestras comunidades, y ese elemento es La Investigación, con la cual es posible para nosotros conocer y reafirmar las instancias culturales que nos conducen a conocer al pueblo guatemalteco en sus más caros devenires socioculturales.

Porque lo que no se investiga y conoce, no se ama ni se defiende a conciencia. Las Artesanías como nuevas Industrias Populares El Arte y las Artesanías Populares frente a su contradicción La nueva dinámica de presentación Ciertos análisis extranjeros y nacionales indican que en Guatemala las artesanías y con ellas también las culturas populares tradicionales están desapareciendo. Se trata de una sensación que se percibe al fragor de las nuevas tendencias de la globalización económica y cultural que propende con efectividad el neoliberalismo político internacional en todos los países del mundo. Los Mass Media internacionales y nacionales hacen eco perfecto de esta mundialización del consumo cultural.

Las ventajas que se obtienen de tal mundialización son evidentes por cuanto todo ciudadano ya tiene la capacidad de enterarse de lo que culturalmente y en muchos sentidos de la vida sucede todos los días en distintas esferas geográficas de la tierra aunque la información aparezca permeada por los intereses tanto de sectores estatales y privados como de los mismos medios informativos, asunto este que el receptor común desconoce. Lo dicho hasta aquí sirve como premisa para constatar que son precisamente estas circunstancias las que conducen a los grupos de artesanos de tan distintas áreas geográficas a producir diseños semejantes con el objeto lucrativo de vender más y mejor. Esto quiere decir que los gustos turísticos y por lo tanto internacionales permean la producción artesanal en aras de satisfacer el consumo nacional e internacional. Los mercados artesanales guatemaltecos, populares y de élite, desde hace pocos años están siendo objeto de ciertas transformaciones que tienen que ver con las famosas tesis sociológicas relacionadas con la hibridación cultural producida por el capitalismo a ultranza y acelerado que, promueve la globalización económica y neoliberal impulsada por los países superdesarrollados sobre los países pobres.

Esto ha estado ocurriendo aun antes de los acuerdos firmados en el Tratado de Libre Comercio (2005-2006) entre la república de Guatemala y Los Estados Unidos de Norteamérica; silenciosamente, sin embargo, los productos asiáticos principalmente, inciden en intervenir y captar el generoso consumo que ofrecen la sociedad y pueblos de Guatemala, América Latina y el turismo internacional. Así, por ejemplo, vemos diseños artesanales guatemaltecos en todos los mercados de Mesoamérica y, a la vez, artesanías de otros países centroamericanos que cada vez van perdiendo sus características locales por estarse produciendo con características guatemaltecas en aras del consumo internacional que las reconoce ahora como productos artesanales centroamericanos.

Tal parece ahora que los países con características artesanales más reconocibles podrían ser Nicaragua y Guatemala en tanto sus productos artesanales son distinguibles debido a sus diseños, que tienen una carga simbólica artesanal de cuño marcadamente ancestral y ecológico, lo cual las hace apetecibles al consumo turístico internacional y nacional. Así es como en la actualidad, si revisamos la producción y venta de artesanías, como producto que se supone, recoge las autenticidades del arte local de nuestros pueblos, nos percataremos de ciertos movimientos per se provocados por el consumo turístico que, desde hace décadas, ha causado estragos en la producción artesanal original de estos países.

Estas transformaciones del mercado artesanal que hoy son marcadamente aceleradas conllevan un trabajo individual de los artesanos productores que cada vez transforman sus diseños tradicionales al gusto del consumidor quien a su vez, compra y consume lo que le gusta porque le gusta según sus estructuras culturales individuales y no por que sepa concretamente qué es lo que consume al comprar y por lo tanto compra, porque compra el producto en tal país y cree que lo que compra es realmente de ése país.

En tal sentido entonces, constatamos la certeza de que como decíamos al principio, existe la sensación colectiva en ciertos sectores de la sociedad de que las artesanías están desapareciendo. Sin embargo al hablar de “artesanías” debemos referirnos a sus diseños especialmente. Si bien es cierto, la tecnología contemporánea las está sustituyendo por enseres plásticos y maquinaria industrial, los productos artesanales en sí, aún son objeto de consumo doméstico en numerosas regiones de la tierra y por lo tanto no están desapareciendo del todo. Lo que se está transformando como producto de la globalización económica y cultural son sus diseños, por cuanto estos son objeto de imitación por muchos productores y comerciantes debido a los gustos del mercado internacional del consumo. Y, al hablar de diseños, nos referimos a la esencia cultural propiamente.

Los diseños son creación simbólica que únicamente pertenece a sus productores, los artesanos locales, de cada región, de cada nación, de cada país. He ahí la cuestión. Porque cada diseño es productor de identidad. Y también, si las identidades son dinámicas en tanto van cambiándose por épocas, territorios y etapas de la índole que sean, nos encontramos con el problema de su inminente desaparición para dar paso a nuevas identidades que posiblemente no reflejen las idiosincrasias históricas propias, o sea las identidades esenciales, aquellas que significan el alma nacional.

Esto es lo que está sucediendo en todos los países productores de artesanías tradicionales. El neoliberalismo y la globalización económica conducen a una globalización cultural acelerada sin precedentes. Los diseños artesanales penetran ahora distintos mercados y se asientan como productos que adquieren distintas nacionalidades en tanto sean mercantilmente adquiridos por el consumista nacional e internacional.

El mercado en sí no tiene rostros. Todo producto debe venderse y si es así es bueno porque produce capital. Que sea bueno implica las características que lo hacen bueno, es decir que sea apreciado por su calidad, funcionalidad y eficacia. Las artesanías tradicionales no son valoradas en estos sentidos mercadotécnicos sino en los estrictamente culturales que, para el efecto, resulta que no tienen tales bondades. Pero sí tienen aquellas que se refieren a las identidades. Al alma nacional. Cuando se las valora en estos sentidos pueden ser comerciables en tanto los gustos del consumidor internacional esté orientado hacia allí.

Para tales efectos, el mercantil y el cultural, las artesanías han empezado a transformarse en actividades productivas de orden industrial ya que la demanda globalizada así lo exige. Los rasgos artesanales locales se encuentran ahora en muchas partes allende su localidad. De ahí que los diseños artesanales se entremezclen regionalmente. Nadie lo ha dicho todavía pero se presiente que el turismo internacional conceptúa las artesanías regionalmente, como “centroamericanas” y “mexicanas” en desmedro de las nacionalidades particulares productoras.

Se compran artesanías en cualquier país centroamericano como productos nacionales desconociendo que tales artesanías pueden contener en sus diseños características mexicanas (yucatecas y chiapanecas entre otras), guatemaltecas, salvadoreñas, hondureñas, nicaragüenses, costarricenses o panameñas de corte ancestral e identitario de cada país. Es decir, se han transformado en algo globalizado. Además, en tanto la demanda es de consumo internacional, se producen masivamente, es decir, se han industrializado. En esto tienen que ver fundamentalmente, reiteramos, las relaciones turísticas internacionales y sus efectos de comercialización de las artesanías para el consumo turístico. O sea, el mercado libre artesanal. La cultura globalizada.

Al tenor de esta situación, también pulula en los distintos ambientes de la sociedad guatemalteca la percepción equivocada de que las culturas populares tradicionales (los sectores dominantes todavía las reconocen como folklore) también están desapareciendo. La observación detenida y experimentada nos hace afirmar lo falso de tales percepciones. Si bien es cierto la globalización se ha entronizado plenamente, lo cierto es que esto ha sido hasta ahora en cuanto a las formas de las expresiones culturales, no así en lo esencial y, de esta suerte, las culturas populares se han transformado en dos vertientes, las culturas populares permeadas por la modernidad y la globalización y, las culturas tradicionales, que preservan sus esencias ancestrales en un choque de fuerza desigual frente a la tecnología moderna contemporánea apabullante.

El arte popular circunscrito a las danzas y el teatro, la música vernácula, el arte plástico, las artesanías y la oralidad literaria, adolecen de estos avatares, aunque se resisten por su presencia tradicional y continúan conformando las identidades culturales de cuño ancestral. Asunto que únicamente el ojo clínico de los científicos sociales expertos en estas materias logran detectar.

El arte y las artesanías populares bajo la óptica del mercado Internacional* Como resultado de un periplo investigativo ejecutado por expertos mexicanos y salvadoreños guiados por quien escribe, en el marco del apoyo recibido e impulsado por la asociación Aporte para la Descentralización Cultural, ADESCA, con la cooperación de la Organización de Estados Iberoamericanos, OEI, la Agencia Española de Cooperación Internacional y el Ministerio de Asuntos Exteriores de Guatemala, en el mes de octubre de 2006, se logró establecer para el área central de la República de Guatemala, una propuesta inicial de clasificación de dichos mercados artesanales de la siguiente manera: Mercados artesanales populares (el mercado central y otros mercados cantonales de la ciudad de Guatemala).

Mercados artesanales menos populares (La Aurora, zona 13, Ciudad de Guatemala, Dep. de Guatemala y, el Mercado de San Felipe en Jocotenango, Dep. de Sacatepéquez, contiguo a su cabecera departamental, la Ciudad de Antigua Guatemala). En dichos mercados es notoria la diferencia entre el público consumista ya que en los mercados artesanales populares es más frecuente la visita de consumidores en general, no así en los otros mercados más elitistas cuya propuesta de venta está más dirigida al turista extranjero, por lo que los precios de venta son altamente competitivos y de menos acceso al público en general.

Sin embargo, en todas las instancias indicadas es notoria la presencia invisible de los intermediarios, conocidos por los artesanos como “mayoristas”, en su calidad de sujetos del sistema que compran directamente las artesanías a los artesanos productores para revenderlas en las tiendas de todos los mercados a precios más altos y en donde se venden a los consumidores en general, a otros precios aún más altos, dependiendo eso sí, de su localización y del correspondiente regateo de los consumidores conocedores.

En este proceso también es invisible por un lado la mano del artesano productor en toda su dimensión como aprendiz y maestro en su arte lo cual, conforma un contexto de vida que va desde su existencia como ser humano, hasta su existencia como transmisor de conocimiento tradicional y de su dimensión de vida, escasamente reconocida en la vida pública de la sociedad guatemalteca.

Es visible eso sí, la hibridación técnica y metodológica en el diseño pues se ha visto necesitado de producir nuevos diseños en torno a los tradicionales de sus artesanías reflejados todos en la comercialización que ahora se hace de la misma ya que, se ve obligado a producir lo que más se vende ahora, según los gustos calcados por el turismo internacional y de ciertas empresas dedicadas a la venta de artesanías para el consumo turístico.

El periplo citado arriba, nos permitió a su vez, observar la ingerencia e intervención al nivel de los vendedores de artesanías de origen asiático que, llegan al país provenientes de la India, algunos países árabes, las dos Chinas, Indonesia y Japón. Estas artesanías se importan en el marco del interés turístico internacional.

Especialmente pudimos observar que en el contexto de las artesanías guatemaltecas, las más visibles al consumidor son las elaboradas con materiales tales como barro (cerámicas), madera (adornos, juguetes y máscaras), fibras de maguey (jarcia) y textiles. En los mercados menos populares como el de la Aurora, zona 13 de la ciudad de Guatemala y el de San Felipe en Sacatepéquez, se nota que la variedad se mezcla con artesanías extranjeras incluyendo las mexicanas y de otros países centroamericanos y suramericanos, incluyendo en esto último la venta de dulces, juguetes y objetos ornamentales.

Es de suyo lógico que la variedad artesanal que se ofrece en los mercados de élite turística en la zona 10 de la ciudad de Guatemala y en la Calle de La Merced y alrededores de la ciudad de Antigua Guatemala, ofrecen cierta presentación estética e incluyen entre todas las demás, artesanías más caras como la joyería de plata y jade, atuendos hindúes, (algunos ahora elaborados en talleres guatemaltecos -Tactic, Alta Verapaz-) y otras de escaso alcance económico para consumidores populares.

Evidentemente, como lo pudimos notar y conversar durante el periplo, en el panorama artesanal actual existe una real separación entre el ritual que conllevan las artesanías tradicionales y auténticas en el seno de los talleres artesanales tradicionales de la población productora y la comercialización que intermediarios y vendedores finales perfilan en su propio beneficio económico, desvirtuando así la dimensión del artesano tradicional y productor cuyos beneficios se quedan únicamente en lo que su venta inicial les produce al costo por ellos mismos concebido, adoleciendo de la preparación escolar necesaria para el efecto, en su calidad de productores directos.

Por ello concluimos en que las causas de la hibridación de las artesanías ocurrida y de su acelerada capitalización en pro de los que las comercializan y no de los que las producen (los artesanos) pueden encontrarse en fenómenos como: -Las erráticas e interesadas políticas turísticas del Estado y sus gobiernos. -Los procesos de migración interna y externa ocurridos en los últimos años. -Las prácticas globalizadoras de la Economía Neoliberal actual. -La acelerada urbanización de los territorios rurales nacionales. -El sistema educativo nacional que convoca a los hijos de los artesanos a superar con el estudio de oficios y profesiones académicas sus condiciones económicas lo cual, les provoca desistir del aprendizaje en la elaboración de las artesanías que sus padres y familiares producen. -La ausencia de voluntad política para poner en vigencia políticas culturales de conservación, preservación, fomento y defensa de los diseños artesanales identitarios de la nación guatemalteca. -El poco interés que autoridades y empresarios demuestran en el fomento del consumo de las artesanías locales guatemaltecas de cuño auténtico tradicional. Es de suyo valioso reconocer entonces que hacia el posible rescate de estos valores, patrimonio cultural tangible e intangible de los guatemaltecos en un futuro próximo, existen estudios científico académicos animosos y ahora igualmente valiosos que pueden consultarse en recintos universitarios de investigación como el Centro de Estudios Folklóricos (CEFOL) y el Museo Universitario (MUSAC), ambos del Universidad de San Carlos de Guatemala, en donde se resguardan no solo los trabajos de investigación realizados sino también objetos artesanales, ahora de supremo valor histórico artístico dada su demostrada autenticidad.

Los guatemaltecos tenemos ahora el irreversible reto de proteger mediante los apoyos posibles y los estudios y análisis académicos respectivos, un universo artesanal genuinamente guatemalteco que todavía es producido por los artesanos y artesanas del país en estos inicios del presente siglo XXI.

Nueva Guatemala de La Asunción, Colonia La Florida, 12 de octubre de 2010.

Bibliografía Consultada

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1995 y la necesidad de conocerlas, conservarlas, difundirlas y promocionarlas. Rev. Tradiciones de Guatemala, No.44. CEFOL-USAC. Guatemala. Págs. 5-7.

y estrategias para su desarrollo. Rev.

Guatemala. Págs. 85-99.1997

Populares en una Guatemala de paz, economía neoliberal y frente a la globalización de la economía mundial. Abril de 1997. CEFOL-USAC. Rev. Tradiciones De Guatemala. No. 47. Guatemala. Págs. 109-114.

Alter-Globalización. Rev. Tradiciones de Guatemala. No. 68. CEFOL-USAC. Guatemala. Págs. 39-43.

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